Sí, rotundo.


Llevo días pensando en escribir otra nueva entrada en este blog, pero, como casi siempre, a la hora de escribir no encuentro la inspiración suficiente para hacerlo. A veces me pasan estas cosas, momentos que estás dispuesto a todo y no puedes dedicarte a lo que desearías porque tienes otros quehaceres, luego vienen los instantes que no tienes nada que hacer y que -iluso de mi- pienso que son los mejores para sentarme frente al ordenador a escribir un poquito. Luego pasa lo que pasa. Que no escribo nada. 

 

Este año me he leído una inmensa cantidad de libros; a principios de este año -tan catastrófico para el mundo- me puse un reto: Leer dos libros cada mes. Hoy, 7 de diciembre, echo la vista atrás y he alcanzado y sobrepasado esa cifra. No recuerdo bien el número exacto de libros, pero más de veinte ejemplares, seguro. 

 

Repasando los libros que he disfrutado este año, me topé con una frase muy interesante: "Si un árbol cae en el bosque y nadie lo oye, ¿ha hecho ruido o no? [...] Si alguien hace una película y nadie la ve, ¿existe esa película o no? (Auster, P. (2002). El libro de las ilusiones) 


Claramente, pensarás que no es para tanto o puede que -como yo- le veas un trasfondo a estas dos preguntas. Saco esta cita a coalición para analizar mi blog. Este blog. A decir verdad, creo que no me lee nadie, pero, ¿ves qué me preocupe? Ni por asomo. Entonces, aquí viene mi pregunta: "Si escribes y no te lee nadie, ¿has escrito algo o no?"¿tú que dirías? Sinceramente, yo pienso que sí, que claro que he escrito algo, otra cosa muy distinta es quién lo lea... puede quedarse para mi, puede aparecer de la nada en un instante y que alguien lo lea y le guste, o que le horrorice... pueden suceder tantas cosas... y no podemos controlar casi nada. Esto es lo bonito de la vida. Si después de todo esto, sigues pensando que, si no lo lee nadie, no ha existido... déjame decirte otro ejemplo: "Si amas a alguien y no lo sabe nadie, ¿has amado? o ¿estás amando?". 

 

Ya lo decía Holden Caulfield: "Si haces algo bien, o te andas con cuidado o pronto querrás empezar a lucirte y entonces ya no eres tan bueno" (Salinger, J.D. 1951. El guardián entre el centeno) 

 

Y qué gran verdad. 

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