Como un reloj
Hace días, semanas y meses que no escribo nada. «Escribir» como si yo hubiera escrito alguna vez, qué iluso de mi. Aunque sí, escribir no significa escribir un best-seller, en una revista o en un periódico… de hecho, creo que tiene incluso más mérito lo mío, o lo que podamos hacer todos… escribir sin recibir una nómina a cambio, escribir por el simple hecho de sentirte vivo, escribir porque te relaja, escribir porque te surge una idea y quieres plasmarla en un papel. Ya sea cuál sea tu dicha, te aconsejo a que te sientes un día cualquiera e intentes poner letra a tus pensamientos, momentos, sentimientos o sueños.
Para que seas más partícipe de lo que quiero contar, voy a decirte que estoy en la terraza de mi casa, apoyado en una mesa rústica de azulejos de color coral y azul, me acompaña -siempre- un libro, en este caso el que me estoy leyendo ahora mismo: “El retrato de Dorian Gray” y al que aún no le he pillado el «gustillo», además me acompaña mi libreta «moleskine» con tapa dura de color verde que es la que uso para apuntar alguna idea para algún relato, post del blog o algo parecido. Además, hará unos treinta minutos que me he cortado una tajada de sandía, me acompaña también mi reloj seiko con una correa nato verde y roja, al final de la mesa hay apoyada una barra de unas mancuernas, y es por esto último por lo que estoy aquí escribiendo esto.
Hace 486 días -para ser exactos- empecé a hacer más deporte, esto del confinamiento nos hizo cambiar a muchos y, aunque yo hacía deporte antes, me puse a entrenar más de lo normal. Había que ocupar las horas como fuera porque estar en casa era un suplicio, más si vives en una casa de una sola planta, que -gracias a Dios- no es mi caso.
Los primeros días estuvieron llenos de memes, de preocupación, de ¿qué está pasando?, de videollamadas (de las que solo asistí a una), pero pasados unos días decidí ponerme manos a la obra con lo que resultaba más importante por aquel entonces para mi, es decir, leer y entrenar… para que el día se me pasara lo más volado posible. Leía unas cuatro o cinco horas por día, lo que supuso que el año 2020 lo acabara con treinta y seis libros leídos.
A las 20:00h salía a la azotea a entrenar todos los días, ya fuera lunes, miércoles o domingo…, al vivir en una comunidad de vecinos, mi azotea es limítrofe con la de las demás vecinos, por lo que si yo salgo a la terraza ellos me ven. Y esto es lo que pasó desde el primer día hasta hoy, mi entrenamiento coincidía con el aplauso a los sanitarios, la mayoría de los vecinos salía a sus azoteas o a sus ventanas y aplaudían durante un minuto, al igual que yo que, pasado ese minuto, me ponía a entrenar; y la vecina de al lado siempre se quedaba a regar sus preciosas macetas.
Ella es una persona mayor, tendrá unos setenta y cinco años, cuando estaba en edad laboral regentaba una carnicería junto con su marido, la carnicería estaba a unas calles de mi casa y, cuando pasaba por allí y no estaban muy ocupados con la clientela, metía la cabeza por la puerta para saludar. Antes de la pandemia se quedó viuda y ahora mata el tiempo con distintas cosas.
Cuando coincidimos en la azotea, ella está regando sus plantas y yo, en cambio, hago ejercicio como ya he dicho antes. El otro día, me acordé de uno de los mejores libros que he leído que no es otro que “Martes con mi viejo profesor”. Aquí, ella sería "Morrie» y yo sería «Mitch»… y en vez de reunirnos los martes, nos reuniríamos todos los días de la semana, menos fines de semana.
Desde que se fue mi abuela no he hablado así con nadie tan mayor que yo, no hablamos cosas filosóficas, pero me gusta que me cuente sus cosas porque, después de haber vivido más tiempo que yo, tiene más cosas que contar.
Siempre que me ve me dice: “Ya estás con tu entrenamiento, ¿no?” Y yo siempre respondo lo mismo: “sí, aquí estamos”… después de ese intercambio de preguntas y frases me dice lo que va a hacer o lo que ya ha hecho y por ende está muy cansada. Por la tarde, a eso de las nueve, se pone a aprender inglés… porque como me dijo una vez: “Mi Manolín se fue y claro… tengo que hacer algo”. «Algo» como aprender inglés, ir a la piscina con sus amigas, darse un paseo con sus nietos, prepararles helados, regar las macetas, pasear por el parque… . Matar el tiempo, básicamente.
El tiempo, siempre tiempo: milisegundos, fracciones de segundo, segundos, minutos, horas, días, meses, años, vidas… aunque creamos que no estamos anclados a la naturaleza del tiempo. Tiempo que se puede hacer largo para algunos y corto para otros… depende mucho de los sucesos que nos pasen o de los momentos que vivimos. A ella imagino que ahora se le pasará lento, pero también se le pasó rápido alguna vez… cuando conoció a su marido, cuando tuvo hijos o cuando aprende inglés desde su móvil.


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